Jueves , abril 27 2017
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Por Oaxaca, ganas de llorar

GUILLE ESPAndares Políticos

Benjamín Torres Uballe

 

 

 

“Dan ganas de llorar”, me comentó una prestigiada y conocida periodista oaxaqueña cuando el lunes pasado hice la observación de que estaba muy feo lo que estaba sucediendo en su tierra natal. Y no era para menos. De verdad se estruja el corazón por la violencia desbordada que hiere profundamente las fibras más sensibles de esa hermosa región de nuestra patria.

Explotación, olvido, pobreza y saqueo han sido una constante en la entidad donde nació Benito Juárez. Oaxaca es pródiga en hombres y mujeres excepcionales que han aportado su esfuerzo en beneficio de México. José Vasconcelos, los hermanos Flores Magón, Porfirio Díaz, Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Macedonio Alcalá y Teodora Blanco son algunos de ellos.

La bella Antequera es uno de los estados con más recursos naturales, su envidiable ubicación geográfica le permite tener acceso a la agricultura, ganadería y productos del mar. Posee, además, una de las cocinas más completas y exquisitas en la república mexicana y el mundo.

Favorita del turismo nacional e internacional por la vastedad de sus atractivos culturales y arqueológicos —el Centro Histórico de la ciudad y Monte Albán son Patrimonio Cultural de la Humanidad—, la entidad no debería padecer los ignominiosos niveles de atraso en que la han postrado desde hace muchas décadas los pillos adoptados como “gobernadores”.

Quien ha tenido la oportunidad de visitar Oaxaca se enamora de ella para siempre. Basta caminar sin prisas por el centro de la capital o conocer alguna de sus regiones para convertirse en un adicto a sus tradiciones, a su gente, a sus artesanías —auténticas obras de arte—, al mezcal, a las tlayudas, al chocolate y al obscenamente delicioso mole negro.

Oaxaca es simplemente irresistible, catárticamente noble y generosa. Por ello es que, sí, efectivamente, hoy duele al máximo la manera en que se convulsiona ese estado, que debería ser modelo de prosperidad en todos los aspectos, pero que los malos gobiernos y cacicazgos han conducido hacia extremos inaceptables de atraso en detrimento de la población.

Claro que el olvido y desinterés del gobierno central hacia esa región —salvo en épocas electorales— han sido fundamentales para generar la inmensa brecha de la desigualdad entre los caciques que la han explotado —poseedores, fruto de ello, de inmorales fortunas y propiedades en México y el extranjero— y los oaxaqueños de a pie, ésos que todos los días trabajan honestamente para sostener a sus familias con exiguos e insuficientes salarios, sin excusas, siempre respetando la ley, siempre intentando construir un México mejor.

¿Hasta dónde estarán dispuestos a llegar el gobierno federal, la CNTE y todos quienes han impulsado la perversa crispación en Oaxaca? ¿Acaso quieren terminar de incendiarla y pauperizarla todavía más? De ser así, ¿alguien podría declararse vencedor? ¿Vencedor de qué?

Ningún argumento es válido para justificar lo que hoy aterroriza al pueblo oaxaqueño. Ninguna reclamación de supuestos derechos —por más que pudieran ser justificados— mediante la violencia, la afectación a terceros, el caos y el destrozo del orden social es aceptable.

Amenazar, montarse en la soberbia y malentendido poder que “otorga” una secretaría de Estado o interpretar torcidamente que ser amigo del Presidente de la República permite desdeñar a la contraparte, al tiempo de intentar ridículamente imponerle condiciones para un dialogo, constituye no sólo un despropósito, sino una torpeza política de gran magnitud.

Y no es sólo Oaxaca quien ha obligado —ante la incapacidad de Aurelio Nuño Mayer— a que la Secretaría de Gobernación intervenga para buscar solucionar el conflicto con la CNTE y sus patrocinadores. Ahí están con focos rojos Chiapas, Guerrero y Michoacán, que deben ser atendidos sin dilación y no esperar a que explote la bomba como en el caso oaxaqueño.

Si bien por la magnitud que alcanzó el problemón en la tierra que “gobierna” Gabino Cué se entiende que la solución es compleja, ésta debe basarse necesariamente en el diálogo, tal como se lo recordó este miércoles el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos al gobierno de México: “… redoblar los esfuerzos para evitar situaciones de violencia como estas y a priorizar el diálogo frente a la confrontación”. A la Coordinadora también le va esto.

México, hemos insistido, lo que menos necesita es violencia y anarquía, como la sucedida en Chihuahua capital a media semana, donde unas 250 personas que supuestamente protestaban contra el cuestionado gobernador priista César Duarte vandalizaron el Palacio  de Gobierno, lo que generó, además de los daños materiales, 18 policías heridos y al menos 100 detenidos según diversos medios de comunicación locales. ¿El ejemplo de Oaxaca se extiende?

LA ASAMBLEA DE BARRIOS

Las autoridades capitalinas exhibieron lo pernicioso de la llamada Asamblea de Barrios en la Ciudad de México. En un cateo realizado en un edificio invadido por ese grupo, ubicado en la calle de Benjamin Hill, delegación Cuauhtémoc —sí, ésa que “gobierna” don Ricardo Monreal, de Morena—, encontraron: un túnel con 3 bóvedas que daban a la casa contigua, 313 petardos y cohetones, y 9 motocicletas de diferentes marcas. El cateo derivó de una investigación por el delito de despojo con violencia. Lo extraño es que no hubo detenidos. ¿Algún chivatazo?

@BTU15

 

 

 

 

 

 

 

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