Viernes , abril 28 2017
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De filibusteros y los presos ecologistas mexicanos en Nicaragua

Diario de un Reportero

Ramsés Ancira

En México cada año mueren  nueve mil mujeres de enfisema pulmonar, no son fumadoras sino personas  que viven en áreas rurales, cocinan con leña y están expuestas a cantidades industriales de humo aunque en sus comunidades no haya contaminación del aire. Este problema no es privativo de México, ocurre en toda Latinoamérica, Asia y África, pero sí,  son mexicanos los que más se destacan en el mundo por resolverlos. Tres de ellos fueron encarcelados en Nicaragua.

Las estadísticas de la Organización Mundial de Salud, elevan a casi tres millones de personas el número anual de muertes  por respirar humo en lugares cerrados, prácticamente la totalidad de las víctimas serían mujeres pues son ellas las encargadas mayoritariamente de preparar los alimentos.

Las estufas ecológicas son la mejor solución para evitar estas muertes y el ingenio mexicano es hasta ahora el más destacado a nivel mundial. Existen varios modelos. Uno de estos son bolsas en las que se recogen los excrementos de animales para producir gas que se puede usar para cocinar sin producir humo en el proceso.

Una de las razones por las que los mexicanos se han convertido en líderes en la construcción de estufas ecológicas es que cada año se talan en este país más de 360 mil hectáreas de bosques para obtener la leña con la que se calientan y cocinan en decenas de miles de hogares rurales.

Hay soluciones industriales, estufas que siguen siendo de leña pero que evitan que el calor se escape por los costados y ahorran hasta el 60 por ciento del combustible. En México la SEDESOL las compra y distribuye, pero no todos los países tienen programas sociales para ello.

Daniel Espinosa Giménez Cacho, Salvador Tenorio Pérez, Emmanuel de la Luz Ruiz, Byron Reyes Ortiz, Ana Laura Rodríguez y Eugenio Paccelli Chávez Macedo se encontraban en Nicaragua enseñando en comunidades indígenas como podían construir sus propias estufas ecológicas, sin tener que depender del gobierno  que encabeza Daniel Ortega, cuando fueron detenidos con el pretexto de que usaban explosivos para boicotear el canal transoceánico.

El joven nicaragüense Alexander Marenco, de 25 años de edad, intentaba construir una estufa ahorradora de leña. Para obtenerla prendió fuego a un viejo barril de madera, ignorando que contenía restos de gasolina. Las llamas le produjeron quemaduras leves en brazos y pecho.

El incidente fue aprovechado por la policía local para decir que los seis jóvenes ecologistas, entre los cuales hay tres mexicanos, Daniel, Salvador y Emmanuel, todos ellos de 25 años, usaban sustancias explosivas que ponían en peligro a la gente.

Daniel Ortega, presidente de Nicaragua de 1985 a 1990, y desde 2006 hasta la fecha, ha repetido el argumento de que estos capacitadores en la construcción de estufas de leña, quienes por obvias razones se vincularon con los grupos ecologistas que se oponen a la inundación y despojo de tierras para construir un canal transoceánico, son terroristas.

 

La historia que se repite como parodia

 

Es curioso como algunos sucesos se repiten en forma de parodia.

En el Siglo XX dos filibusteros estadounidenses hicieron explotar un puente en Nicaragua. El gobierno del presidente Santos Zelaya los capturó y los fusiló.

El Gobierno de Estados Unidos quiso castigar esa acción soberana y mando buques de guerra para aprehender al presidente de Nicaragua. En ese momento se encontraba como responsable de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México el escritor de Santa, Federico Gamboa, quien le hizo saber al embajador de Estados Unidos que si violaban la soberanía de Nicaragua, el presidente Porfirio Díaz lo consideraría una agresión a México.

Le informó que para una solución intermedia el gobierno mexicano había mandado un barco para que Zelaya pudiera salir de Nicaragua, pero como hombre libre y no como preso.

El embajador de Estados Unidos le dijo a Gamboa que México no debía entrometerse porque no contaba con el potencial militar para enfrentarse a ellos. Federico Gamboa le replicó que el Buque de Guerra que había enviado México tenía el arma más poderosa.

Henry Lane Wilson, que así se llamaba el embajador de Estados Unidos le dijo que se le hacía raro pues sus servicios de  inteligencia no tenían  ninguna noticia de un arma mexicana capaz de desafiarlos. Gamboa le respondió que esa arma era la dignidad. Que el Buque Mexicano encargado de salvar al presidente Zelaya era el Guerrero y que si la armada de Estados Unidos les impedía su misión, el capitán tenía órdenes de hundirlo con todos a bordo. Un excelente pretexto para iniciar una nueva guerra con Estados Unidos y tratar de recuperar los dos millones de kilómetros cuadrados que le habían sido despojados sesenta años atrás.

El Guerrero subió a bordo al presidente Zelaya, quien llegó a México sano y salvo. ¿Y los cañoneros de Estados Unidos? Se limitaron a dejarlo pasar.

La mercadotecnia política de Daniel Ortega le aconseja un siglo más tarde, acusar a los ecologistas mexicanos de terroristas para contrarrestar la oposición al canal

Pero los tres mexicanos, un español, un costarricense y la joven argentina, solo pretendían salvar las vidas de miles de mujeres nicaragüenses que mueren cada año como consecuencia de cocinar con leña ya que el gobierno de Daniel Ortega no les provee de la tecnología necesaria para evitarlo. Hoy son moneda de cambio político.

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