Jueves , Mayo 25 2017
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Terrorismo y religión crean incertidumbre

(Primera parte)

Colaboración de Francisco Fonseca N

¿Por dónde empezar?… A 15 años de la tragedia de las Torres Gemelas todavía no se disipa el humo de la destrucción, y el recuento de los daños alcanzó cifras inimaginables y la pena y la desesperación mostraron al mundo su rostro de pesadilla real y tangible. La organización Al Qaeda se adjudicó el ataque.

Y a partir de allí el mundo empezó a conmocionarse con más frecuencia.

¿Por dónde empezar?… ¿Por las miles de toneladas de escombros y las tumbas de miles de desaparecidos en Nueva York, en el Pentágono, en la estación de Atocha en Madrid, en el semanario Charlie Hebdó, en el teatro Bataclán, y en el restaurante Petit Cambodge de París, o en el aeropuerto y la estación del metro en Bruselas?

¿Y los pasajeros de los aviones secuestrados?… ¿Y los rescatistas –bomberos, policías, voluntarios– que ofrecieron su vida en un gesto genuino de generosidad para que muchos –ni siquiera conocidos o vecinos, únicamente seres humanos– conservaran la suya?

¿Por dónde empezar? Como todo, la información empieza a surgir de manera fragmentada y reiterativa. Son noticias que golpean la conciencia y aturden el ánimo.

¿Por dónde empezar? Además de robos, asaltos, guerrilla, secuestros y ejecuciones, hoy agregamos terrorismo. No hay para cuando parar. El terrorismo actúa de tal forma que asalta la razón, desequilibra. Vivimos una incertidumbre.

Esa incertidumbre hacia la cual rodamos impulsados por una lógica existencial, que corre paralela a una lógica religiosa y política, y reconoce que frente al gobierno no existen sino la muchedumbre y la nación, pero no el individuo, quien apenas es un miembro común de la sociedad, afiliado tal vez a un partido político, a un sindicato, a un gremio, a una asociación.

La búsqueda de pistas para desenmascarar a los terroristas es persistente. Cualquier indicio es bueno: nombres, rostros, costumbres, procedencia, religión.

Las primeras voces pidiendo venganza y justicia y la reparación de los daños, inmediata y total y cueste lo que cueste, se ha vuelto exigencia nacional en los países afectados.

Y en medio de la justa ira estamos todos, otra vez. Las fronteras selladas, las comunicaciones cortadas, la cancelación de vuelos comerciales, la movilización de tropas, la preparación para afrontar un nuevo tipo de guerra es inminente.

La estrecha correlación que existe en las actividades humanas hace que hoy, cualquier suceso con sabor a terrorismo, repercuta inmediatamente en la esfera política.

Y para dar mayor énfasis al párrafo, a todo lo enumerado al inicio, debemos agregar la muy preocupante situación económica que viven la mayoría de los países del mundo; y como ocurre siempre en estos asombrosos momentos, las bolsas de valores sufren pérdidas cuantiosas arrastrando al mundo en la desestabilización financiera.

¿Dónde está, en este momento, la palabra sabia de los líderes morales de la humanidad, pidiendo cordura, reflexión, el tiempo necesario para no equivocar el camino; la paciencia que deslinda de la incertidumbre, que da seguridad, que proporciona certeza, elementos de alto valor para la aplicación de la justicia?

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