Miércoles , Agosto 16 2017
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Fernando del Paso y el México en decadencia

GUILLE ESPAndares Políticos

Colaboración de Benjamín Torres Uballe

 

 

 

En la arraigada curiosidad —que no disciplina, admito— por enterarme de lo que sucede aquí y en el mundo, al amparo de una generosa taza de café, leo la noticia de que Fernando del Paso, uno de los escritores más talentosos y admirados que ha dado esta nación, ha declarado en España que “México es un país en decadencia”.

Del Paso —uno de los máximos consentidos entre los lectores no sólo en México, sino fuera del territorio— ha recibido este 23 de abril el prestigiado Premio Cervantes. Nadie con mayores méritos en la actualidad para ser distinguido con el galardón considerado el Nobel de la Literatura en español. Sus blasones, ganados a pulso en una extensa y ardua carrera dentro del periodismo, las letras y la cultura, lo convirtieron desde hace mucho tiempo en una voz autorizada para describir a México, al México que hoy atraviesa una de las mayores crisis en cuanto a la  credibilidad de sus ciudadanos en las instituciones del Estado y quienes las “manejan”.

Por eso, cuando habla una vez más sin cortapisas de la enorme preocupación por lo que sucede en la entrañable patria, nadie en el sistema osa refutarlo. Saben que el autor de Palinuro de México dice verdades que cualquiera de nosotros podríamos suscribir sin dudarlo un instante.

“Hemos tenido mucho gobernante inepto y codicioso”, recordó el prolífico literato en la Biblioteca Nacional de España durante un encuentro con medios de comunicación. Motivos  de sobra respaldan a este brillante novelista de 81 años. La repudiada clase política nacional se afana —sin excepción de colores—en exhibir sus pillerías, sus fastuosas mansiones, sus recurrentes beneficios obtenidos mediante el “contratismo”, las millonarias cuentas en bancos extranjeros y la estupidez de sus juniors presumiendo en las redes sociales toda clase de excesos y “logros” materiales de sus papis. Tiene razón Del Paso: no creemos en ellos.

Y el escepticismo de la sociedad mexicana, cultivado desde hace siglos, según Fernando del Paso, nos ha llevado, como sociedad, a ya no creer en nuestro país en la medida en que solíamos hacerlo. Pero crítico como es también, fustigó la apatía ciudadana: “yo creo que también el pueblo tiene que reaccionar y poner más de su parte”, para luego soltar la bomba que a muchos cimbró en el gobierno federal y en diversos sectores sociales donde suelen rasgarse las vestiduras, pues consideran que en nuestro territorio no pasa nada: “en efecto, México es un país que parece un país en decadencia”, reiteró el también autor de Noticias del Imperio.

No caben dudas sobre los conceptos vertidos por el narrador mexicano acerca de la degradación —palabra que mucho suele incomodar en la esfera oficial—  y que han originado la incontenible avalancha de corrupción, impunidad, desigualdad y violencia dejando, entre otras calamidades, la millonaria cantidad de pobres en el país, donde uno de cada dos connacionales se encuentra en esa situación. Pero también es verdad que resulta indispensable el hecho fundamental de que la sociedad abandone de una vez la apatía que muestra ante una situación que avasalla.

Tanta verdad obliga a reflexionar, a replantear nuestro papel como integrantes de la sociedad, a ser más participativos, a incidir en las decisiones que nos afectan y que hoy sólo toman la nomenclatura. Ésa que con cinismo desbordado vive cómodamente en su esfera excepcional a costa de nuestros impuestos y que nos mantiene en el subdesarrollo con altos índices de desempleo, de informalidad, con un sistema de educación pública mediocre e insuficiente. Ésa que se burla de los electores, imponiendo candidatos tránsfugas, reciclados, delincuentes de cuello blanco que exasperan con sus promesas demagógicas y vulgares.

De ahí la importancia que encierran las sabias palabras de Fernando del Paso en Madrid, al criticar al México de la decadencia, que parece haberse acostumbrado a la injusticia perenne, a vivir en la pobreza cotidiana inmerso en los ríos de sangre y cúmulo de muertos a causa de la violencia que desde hace años azota inmisericorde al territorio mexicano ante la incapacidad del gobierno para garantizar lo más elemental para un ser humano: la seguridad y la justicia.

Somos muy afortunados de contar aún con mexicanos excepcionales, con mentes extraordinariamente lúcidas que se atreven a denunciar y criticar lo que sucede en el México real, no en la inmoralidad en la que se harta “nuestra” clase política, que se comporta como el más repulsivo de los parásitos alimentándose del dinero público y de toda clase de transas.

Verdaderamente se recupera la esperanza al escuchar hablar al maestro Del Paso con serenidad, ecuanimidad y valentía, al referirse al panorama macro de nuestro querido y complejo México, que pareciera ubicarse, -denunció en el discurso al recibir el galardón- con la aprobación de la llamada Ley Atenco, en “… el principio de un estado totalitario que no podemos permitir…” así le salió del alma, sin poses, sin mentiras, sin indecencias… ¡como el hombre auténtico que es!

@BTU15

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