Viernes , abril 28 2017
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Se prohíbe criticar 
a la UNAM

JMNAColaboración de Juan María Naveja 

 

 

 

 

La autonomía le queda grande a las autoridades.
 Es indispensable que la UNAM esté abierta a la reflexión permanente.

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) está entre las entelequias intocables en México: no puedes hacer la menor crítica, ni para bien, porque los defensores a ultranza te agarran a palos. La víctima más reciente fue el director técnico del Cruz Azul, Tomás Boy, por “atreverse” a calificar de fascista el gesto fascista de los jugadores de los Pumas cuando entonan el himno universitario.

Para evitar desacuerdos empiezo por decir que soy un convencido de que la universidad no debe ser gratuita ni para todos, pero tampoco el dinero debe ser un impedimento para cerrarle las puertas a quien tiene las capacidades para los estudios universitarios; en ese caso hay que becar al alumno y apoyar a la familia, pero no es posible que México sea el único país del mundo, incluidos Cuba y Corea del Norte, donde la educación gratuita a nivel superior es generalizada.

Les guste o no, la universidad es elitista, tanto que una de las razones de tantos ninis, por eso abundan los psicólogos, comunicadores, abogados, administradores y otros egresados con título pero sin chamba que podrían ser estupendos técnicos. Pero éste es otro tema…

La UNAM perdió en 1999 la oportunidad de dar un paso adelante cuando el rector Francisco Barnés propuso cambios al Reglamento General de Pagos: el gobierno toleró una huelga de un año que derivó en la salida del rector y el inicio de la dictadura de la Facultad de Medicina, sí del 2000 a la fecha sólo médicos han gobernado a los Pumas: Juan Ramón de la Fuente, José Narro y ahora Enrique Graue. Tampoco cundió el ejemplo del rector Carpizo de no reelegirse.

Sólo para documentar, van unas cuantas irregularidades:

—En esos 16 años, el auditorio Justo Sierra-Che Guevara ha estado tomado por vándalos y, según han reportado los medios, es el nido de un cártel que igual vende droga que asalta con la complacencia de las autoridades.

—Teniendo la UNAM estaciones de radio y de televisión, en sus instalaciones se ha tolerado la transmisión de una emisora pirata que no puede ser intervenida por la autonomía universitaria.

—En las llamadas islas, es de conocimiento público el consumo y tráfico de drogas.

—¿Cuántas mujeres han sido violadas en los alrededores de la Hemeroteca? A la fecha, no se sabe de acciones contra los violadores.

La conclusión es simple, si no son capaces de dar seguridad, de evitar ilícitos porque su equipo de seguridad es insuficiente o incapaz, o les tiembla la mano para tomar decisiones difíciles, la autonomía les queda grande; a las autoridades, no a la UNAM.

En lo personal, no creo en las instituciones monstruosas y las universidades públicas son ingobernables e ineficientes. Por ejemplo, ¿tiene sentido que la UNAM siga controlando preparatorias? ¿No sería conveniente una instancia especializada? Con ello, disminuiría la población en casi 100,000 alumnos.

Y que no se rasguen las vestiduras, la UNAM es una institución extraordinaria, sin ella no se entendería gran parte de la historia de México, pero para que lo siga siendo es indispensable la crítica y reflexión permanente y eso no les gusta a quienes la controlan desde hace 16 años ni a sus defensores a ultranza.

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