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El arte del engaño, porqué mentimos

Por Rodrigo Navarro desde Cozumel

RODRIGO NAVARRO

En el acto tercero de la obra de William Shakespeare, Macbeth (1606) ya proclamado Rey de Escocia acude a la cueva de las brujas y la tercera bruja le dice que su reino no puede ser conquistado hasta que el bosque de Birnham marche contra él. Macbeth suspiró aliviado, “quién puede alistar al bosque, ordenar al árbol, arráncate”.

Es obvio que Macbeth nunca estuvo en el bosque de la isla de Barro Colorado en Panamá. Natalie Anger caminaba en Septiembre de 2009 a las nueve de la noche por este bosque cuando bajo la luz de su linterna observó partes de los árboles arrancarse con voluntad propia y colocarse en otras ramas cercanas.

Se acercó a esa ramas de los árboles, esas cosas, para observarlas de cerca ve que unas hojas de color verde y otras marrón, al no encontrar nada interesante, se arrastran hacia otro montón de hojas. ¿Hojas que se arrastran, ramas que cambian de árboles? Pensó que como Macbeth se estaba volviendo loca.

Ya con calma examinó y encontró que la ramita es un insecto palo, del orden phasmida, Medauroidea extradentata. Su exoesqueleto imita a la perfección las ramas de los árboles. En este bosque alcanzan hasta 35 cm de longitud. Durante el día apenas y se mueven de noche son muy activos y pareciera que el bosque camina. Se dedican a comer hojas y detritus orgánicos del bosque.

La biología revela que la mentira, la imitación y el engaño es una práctica que recorre también el mundo natural: las plantas y los animales utilizan la falsedad, la impostura y la simulación para sobrevivir.

Las hojas que se arrastran de un montón a otro resultaron ser unos sapos hoja de Panamá, Rhinella margaritifera. Es un anfibio generalista con hábitos nocturnos de la familia de sapos Bufonidae.

La imitación en la naturaleza nos produce admiración o rechazo, pero no cabe duda que funciona. El mundo natural esta lleno de magos que con sus trucos ocupan todos los nichos ecológicos y engañan los sentidos de sus semejantes.

Los biólogos se dedican a descubrir al embaucador, a catalogarlos, y a documentar la historia evolutiva y genética de cada impostor. A veces como en los insectos palo y las ranas hojas de Panamá, el engaño sirve de camuflaje y le permite eludir a los depredadores. En otros son vistosos y ostentosos como los peces abisales cuyos apéndices brillan u oscilan como gusanos para atraer a las victimas.

Las orquídeas pútridas simulan con químicos el olor de la carne en descomposición y atraen así, por el olfato, a moscas y otros insectos que se llevan el polen en las patas y le ayudan a reproducirse. Otro son las arañas boleadoras, que atraen a los machos de las polillas imitando el aroma de las hembras.

Muchos de los efectos son visuales, la mayoría de los mamíferos somos muy afectos a utilizar este sentido. Una oruga que levanta la cola y tiene el colorido y los ojos de una serpiente grabados que asustan a sus depredadores. Las ranas de río que son brillantes y simulan ser piedras de río.

Pero también hay efectos sonoros como la polilla tigre (un árctido) que se libra de los murciélagos imitando el chasquido ultrasónico de una polilla que los quirópteros detestan.

Hay estrategias aún muchos más elaboradas como las de ciertas orugas que encantan a las aves. Para eludirlas esta especie en concreto es especialista en no dejar rastro. Las orugas en general muerden las hojas y las aves las detectan por el corte irregular que dejan al morder las hojas de las plantas. Estas orugas imitan los bordes aserrados de las hojas y las dejan exactamente igual solo que más pequeñas. Así esconden su rastro.

Otro ejemplo son los escarabajos aceiteros. Sus huevos eclosionan al mismo tiempo y las larvas se reúnen y avanzan en grupo imitando la conducta de las abejas hembras. Cuando un macho baja y se posa sobre ellas lo atrapan y se lo comen. A veces cuando atrapan una hembra se prensen de sus patas para viajar al panal y un bien abastecido nido.

En la naturaleza imitar te puede servir también para atraer amigos que te permitirán sobrevivir con mayor éxito. Eso hacen algunos chimpancés y los delfines que imitan los saltos y acrobacias de sus compañeros para viajar junto a ellos y defenderse de los depredadores.

En Atlantis en la tercera sección de Chapultepec los delfines Tursiops truncatus, Baxal y Tritón vivieron cerca de diez años juntos. Al morir Tritón por causas naturales el entrenador encontró con sorpresa que Baxal no reconocía las señales ni podía ejecutar la rutina de saltos y acrobacias que días antes ejecutaba a la perfección. Baxal tan solo imitaba a Tritón a la perfección.

Este tipo de argumentos tomados sobre engaño en la naturaleza ha servido para argumentar el origen natural de conductas humanas como la agresión (K. Lorenz, Sobre la agresión el pretendido mal) o el engaño y la mentira. Recientemente se tradujo al español y tuvo mucho éxito el libro ¿Por qué mentimos? La raíces del engaño y el inconsciente de David Livingston Smith.

“Mentimos para protegernos o tener ventaja”, asegura el autor. Sostiene que “la mentira es parte misma de la evolución humana”. Fingir ciertas actitudes, ocultar detalles de una verdad o manipular a favor de alguien es mentir y lo hacemos para ser mejor que otro, mentir es cosa de supervivencia sostiene Livingstone.

“Todos mentimos y el que lo niegue también miente… Lo vemos en la vida cotidiana: exageramos los datos del curriculum para obtener un trabajo, nos engañamos para eludir una realidad dolorosa, decimos que un regalo nos gusta aunque lo detestemos”, escribe el autor.

A quienes mienten les va mejor que quienes no saben hacerlo. Todos queremos ser libres para mentir pero ninguno queremos ser víctima de la mentira. “Pedimos a los demás honestidad y nosotros nos reservamos el derecho de mentir. Es una actitud de hipocresía muy bien construida en todos los tipos de nuestras relaciones sociales”, anota el Dr. en Filosofía por el Kings College de Londres.

Daniel Ariely dice que tanto la honestidad como la deshonestidad son producto de dos tipos de motivaciones que operan de modo muy diferente en el ser humano. Por una parte se trata de obtener ventaja del engaño, y por otra queremos seguir considerándonos buenas personas.

Dice que los políticos mienten pero desde que se implementó la filosofía que esta detrás del liberalismo económico, con una década en la cual se retiró el estudio de la ética y la filosofía en general del currículo educativo en los países occidentales y colocar la falacia que en el liberalismo económico la ética propia del mercado haría una distribución equitativa del ingreso y los bienes.

Daniel Ariely es doctor por Duke University en donde ejerce la cátedra Psicología y economía conductual. Publicó el libro The (Honest) Truth about Dishonesty (Harper Collins 2010).

Estamos en una época de elecciones en donde se miente para sobrevivir. Prometer no empobrece dice el dicho. El partido en el gobierno aliado de un pretendido Verde Ecologista (mejor camuflajeado que los sapos hoja de Panamá tras un pretendido accionar ecologista) han mentido y engañado sin pudor con tal de ganar elecciones. Habrá que reflexionar nuestro voto y si permitimos estas simulaciones con tal de conservar nuestras áreas de confort. Hasta que estas se vean afectadas, ahí la historia podría ser diferente y abandonar lo que Fernando del Paso llamó la inercia como falta de voluntad para cambiar. Salvo su mejor opinión.

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